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El Juez de Menores de Granada; ¿un nuevo Rey Salomón?

                  Hace poco tiempo, un amigo me comentó que, en la provincia de su mujer, había un Juez que era famoso por sus sentencias. Es, me dijo, una especie de Rey Salomón que intenta, a través de sus sentencias, que los ciudadanos mejoren y, las condenas que impone, son de aprender a leer, a escribir, a realizar trabajos en beneficio de la comunidad, a obtener determinado grado educativo, etc. En ese momento, tuve un recuerdo de haber escuchado, en otra ocasión, esa misma historia; en algún comentario, en algún programa de televisión, etc.

Guardada esta historia, en algún rincón de mi memoria, una mañana de domingo, mientras leía una revista del corazón (algo muy recomendable para la higiene mental y desintoxicación de la judicatura) me encontré con un artículo titulado “Sentencias Ejemplares”, justamente dedicado al denominado Juez Salomón. ¿Qué hace aquí, me pregunté yo, un artículo sobre un Juez? Pues algo muy sencillo; a nuestra sociedad, en general, le llama la atención que haya un Juez que se dedica a intentar reeducar a los delincuentes que tiene que enjuiciar, en vez de tomar el camino más fácil de internarlos en prisión. Consciente de ello los editores, decidieron publicar la noticia. 

 En el artículo se afirma que se le conoce con el nombre de “juez de las sentencias” aunque el Juez prefiere que le llamen “el que aplica la Justicia con sentido común”. Se trata de Don Emilio Calatayud, Juez único de Menores de Granada, hombre de 58 años, casado y padre de dos adolescentes. 

Del contenido del artículo, podemos entresacar los siguientes comentarios emitidos por el Juez que son, a mi modo de entender, muy valiosos: “Su filosofía se basa en dar una segunda oportunidad a los chavales”. “La filosofía de la Ley del Menores no es la venganza, sino su reinserción en la sociedad”. “Les impone un castigo ejemplar en algún trabajo en beneficio de la comunidad”. “La única provincia española que ha visto, en los últimos años, disminuir la delincuencia juvenil”. “Se trata de encontrar el equilibrio entre la sanción a imponer y esa finalidad reinsertora que tiene la actual Ley de Menores. No sólo castigar, sino averiguar porqué cometió el delito y ponerle el remedio”. “Es mejor educar a ese chaval para que no vuelva a delinquir”. “Lo que se pretende es que, mediante una actividad a favor de la comunidad, aprenda a relacionarse de una forma positiva con la sociedad y que les ayude a recapacitar sobre lo que han hecho”. 

En pocas palabras, estamos ante un Juez que, lejos de entender la Justicia sólo en su vertiente represora, entiende que la educación es fundamental y que, en muchos casos, la delincuencia es el resultado de una falta de conocimientos. Por lo tanto, este Juez, más allá de las apariencias simples y formales de una actividad delictiva, observa una realidad, la trasciende, busca el origen del mal y combate la enfermedad desde su misma raíz. Es como aquel médico que, lejos de conformarse con los simples aspectos externos de un enfermo, busca el origen oculto de la enfermedad y le ataca en su raíz. No basta con reprimir, o mejor dicho, a veces una represión puede ser contraproducente, en la medida que no se conocen las causas origen de esa actitud. Observadas las circunstancias, obtengamos las causas y tratémoslas. 

Pero para poder hacer Justicia, con este Ideal por meta, cuenta con un elemento fundamental. No se vale sólo de su inteligencia, capacidad mental, o lo que sea, sino que, y creo que este es el elemento fundamental de la cuestión, cuenta con un equipo compuesto por 50 personas. Tres equipos técnicos, nueve personas, asesoran al Juez y efectúan un seguimiento exhaustivo de cada joven, estudiando su personalidad, su entorno, progresos, fracasos, etc. Dieciséis psicólogos, más otros seis técnicos, se encargan del tratamiento ambulatorio. Por último, un equipo de policías especializados en menores, completan la plantilla a las órdenes del Juez. Así pues, este completo equipo, le permiten al Juez juzgar entre 800 y 900 casos al año. 

Con este buen equipo, con esta herramienta fundamental que proporciona multitud de información sobre cada uno de los menores, le permite al Juez buscar soluciones justas a cada caso concreto, realizando esa vieja aspiración de la Humanidad, reflejada en palabras de Platón, como es hacer Justicia, entendiendo Justicia por “lo que corresponda a cada cual según sus actos y según su naturaleza”. Tal vez esta sea la clave que necesitamos para hacer Justicia; dotar de los medios necesarios a los Jueces para que estos puedan estudiar, detenidamente, cada caso concreto en base a diversos informes. En la mayoría de los casos actuales, se resuelve en base a un atestado, informe de policía, un informe de forense hecho en cinco minutos y poco más. 

No obstante todo lo referido hasta ahora, no todo es alegría ya que, indica Don Emilio, que de todos los casos que ve a lo largo de una año, un 70% son completamente recuperables y se reinsertan en la sociedad sin problemas; un 15% hay que trabajar con ellos; y el 15% restante son carne de cañón. Aquí tenemos, pues, otro problema que se viene repitiendo en todo orden jurisdiccional; la existencia de un porcentaje que llega “estropeado”, sin posibilidades de recuperación ni reinserción, porque antes de llegar a la edad penal, se ha perdido toda esperanza de recuperación. Es la falta de la educación primera o el nacimiento en circunstancias marginales que excluyen todo tipo de educación. Por eso, el juez se muestra partidario de cambiar la edad penal y empezar  actuar a partir de los 12 años, y no a partir de los 14, actual edad penal, ya que “a esa edad, nos llegan muchos casos ya muy deteriorados”. Detrás de ellos, verdaderas historias dramáticas de familias completamente desestructuradas. 

Al finalizar el artículo, hay un comentario que merece reflexión especial. Bajo el subtítulo “Hay que poner límites a nuestros hijos”, reflexiona S.S. que antes, los hijos no podían ni rechistar; con la transición, se nos dijo que deberíamos ser dialogantes y, en muchos caso, se ha pasado del extremo de la dictadura, al amiguismo sin buscar un termino medio; debemos aprender a ser padres con una cierta autoridad y respeto, y no tratándolos como amigos; en el equilibrio, está el justo medio. Pero no sólo denuncia esa falta de equilibrio en las relaciones paterno-filiales, verdaderos responsables de la delincuencia juvenil, sino que ataca la sociedad y la escuela en general; no es bueno que los profesores sean amigos de los alumnos, como tampoco es bueno que sean unos tiranos; hay que encontrar un termino medio. Como siempre nos ha enseñado la Naturaleza, los extremos son malos. 

Como conclusión, podemos indicar que este Juez está denunciando, en su búsqueda del Ideal de Justicia, algunos de los problemas fundamentales de nuestra sociedad, como ser la falta de equilibrio y colaboración entre los poderes establecidos, la falta de educación y cultura de nuestra sociedad (elemento fundamental en toda sociedad ordenada), etc. Y, al mismo tiempo, está utilizando la fórmula válida más antigua para conseguir su propósito; obtener gran cantidad de información, para atacar el mal en su raíz; buscar las causas y extirparlas.