Empresario; ¿Individual o Societario?

A la hora de comenzar una actividad empresarial, una de las principales dudas que surgen es la de si nos constituimos como empresarios autónomos o adoptamos alguna de las formas societarias contempladas en la normativa. En este sentido debemos tener en cuenta cuales son algunas de las razones fundamentales que pueden llevar a un empresario individual a querer constituirse en sociedad, ya sea en conjunto con otras personas o de manera unipersonal:

En primer lugar.- La fiscalidad; Las sociedades de capital tributan a través del impuesto de sociedades (I.S.), este impuesto aplica a la base imponible unos tipos de gravamen fijos al contrario que ocurre en el impuesto sobre la renta de las personas físicas (I.R.P.F.) que tributa de manera progresiva, es decir, que cuanto más se gana mas se paga. En este sentido es interesantes hacer un balance para ver cuanto se esta tributando en IRPF de manera que si subimos de un 15% (tipo mínimo de aplicación a las sociedades de nueva creación) podamos empezar a plantearnos el salto al régimen jurídico y fiscal de las sociedades.

         Los tipos de gravamen fijos para los tipos societarios mas comunes fijados por el Texto Refundido de la Ley de Impuesto de Sociedades actualmente son los siguientes:

           -Sociedades en general: 

Se aplica a todos los sujetos pasivos del Impuesto de Sociedades por obligación personal, que no tengan atribuido un tipo especial. 30%. 

-Sociedades de nueva creación (desde enero de 2013) y que sean de reducida dimensión (menos de 10.000.000 € de cifra de negocios en el ejercicio anterior) durante los dos primeros ejercicios: 

a) Por la parte de la base imponible comprendida entre 0 y 300.000 €. 15% (bajo cierta condiciones).

b) Por el resto de la base imponible. 20% 

-Sociedades de reducida dimensión ya constituidas (menos de 10.000.000 € de cifra de negocios en el ejercicio anterior): 

a) Por la parte de la base imponible comprendida entre 0 y 300.000 €. 25%

b) Por el resto de la base imponible. 30% 

-Sociedades cuyo importe neto anual de la cifra de negocios (ejercicios 2009, 2010 y 2011) sea inferior a 5.000.000 € y creen o mantengan el empleo, con una plantilla inferior a 25 empleados: 

a) Por la parte de base imponible comprendida entre 0 y 300.000 €. 20%

b) Por el resto de la base imponible. 25% 

-Sociedades cooperativas. 30% 

-Sociedades cooperativas fiscalmente protegidas: 

a) Por sus resultados ordinarios. 20%

b) Por sus resultados extra cooperativos. 30% 

En segundo lugar.- La salvaguarda del patrimonio; El artículo 1.911 de Código Civil estipula que; “Del cumplimiento de las obligaciones responde el deudor con todos sus bienes, presentes y futuros”, es decir, que el empresario individual verá afectado todo su patrimonio tanto presente como futuro al cumplimiento de sus obligaciones. 

Desgraciadamente, la actividad mercantil requiere muchas veces de una gran inversión inicial sin que ello pueda asegurar el éxito de la misma, pues muchos otros factores que no dependen de nosotros; fluctuaciones del mercado, descenso de las ventas, impagos, etc… van a intervenir en su desarrollo. Por ello es interesante poder salvaguardar parte de nuestro patrimonio personal y familiar persiguiendo, en cierto modo, esa máxima médica que dicta que mas vale prevenir que curar.

 Además, para hacer efectivo el cumplimiento de esta responsabilidad patrimonial universal, nuestro Código Civil establece en su artículo 1.111 la posibilidad de ejercer ciertas acciones por parte de nuestros acreedores para recuperar bienes que no se encuentren dentro de nuestro patrimonio: 

-Acción Subrogatoria: para los casos en que el patrimonio se encuentre mermado por causa de deudas de las que a su vez seamos acreedores, nuestro acreedor puede exigir que se le permita cobrar estos créditos como si fuéramos nosotros con objeto de engrosar la masa de bienes y obtener mayores garantías. 

-Acción Revocatoria: se contempla para los casos de enajenación fraudulenta de bienes con objeto de eludir una deuda, se trata de la anulación de ese negocio jurídico fraudulento y la restitución del bien evadido a la masa patrimonial. 

Como podemos ver, una vez reclamada la deuda ya es demasiado tarde para poder tomar esta decisión por lo que, al empresario individual le puede compensar resguardarse anticipadamente tras la figura societaria para determinadas actividades, sobre todo cuando estas puedan suponer un mayor riesgo en su ejecución por los factores externos antes mencionados. Sin embargo, no todos los tipos de sociedad van a servirnos para salvaguardar nuestro patrimonio personal, pues dentro de los diferentes tipos que existen se suele realizar una distinción fundamental entre sociedades con responsabilidad limitada, y sociedades con responsabilidad ilimitada. En las primeras, de las deudas sociales únicamente se responde con el patrimonio de la sociedad, de forma que los socios solo arriesgan las aportaciones a la misma. En las segundas, de las deudas sociales responde primero el patrimonio social, pero si no es suficiente puede actuarse posteriormente contra todos o parte de los socios.  

Por este motivo, en el próximo artículo nos centraremos en las figuras societarias de responsabilidad limitada para analizar sus particularidades.