La Justicia lenta, es injusta

                Esta mañana quiero reflexionar, en voz alta, sobre un hecho que viene siendo habitual en la Administración de Justicia, que todos los operadores jurídicos admitimos sin protestar y que provoca Injusticia. Me refiere al tema de las comunicaciones y notificaciones y sus consecuencias. 

            Todos los hechos van referidos a un procedimiento civil, de ejecución de título mercantil (lo que conocemos por ejecutivo), en el cual presentamos demanda en Noviembre del 2013. Después de que el cliente hiciera la correspondiente provisión de fondos, para pagar, entre otros, la oportuna tasa, por parte del Juzgado se despachó la ejecución a finales de Noviembre del 2013. Hasta aquí, todo bien.

            El primer intento de notificación al demandado se produce el 12 de Febrero del 2014, dónde se constata, por el Servicio Común de Notificaciones que, (copio textualmente), “teniendo múltiples diligencias para el mismo interesado, se acude a la dirección indicada, se observa en todas las ocasiones que el local se encuentra cerrado durante el invierno, se dejan avisos al conserje del edificio, que no producen resultado alguno”. Lo primero que le produce, al letrado, esta Diligencia Negativa, es verdadero pavor. Primero, hay múltiples diligencias; segundo, se observa local cerrado (en invierno); y tercero, se dejan aviso al conserje que no producen resultado alguno. Con estas premisas, lo primero que pensamos es, deberíamos esperar al verano, pero… Este deudor es recalcitrante (teniendo múltiples diligencias). Con lo cual, las posibilidades de hacer Justicia y que el cliente pueda cobrar, se van difuminando. Y, a partir de aquí, empiezan todos los problemas. 

            Con estas premisas, desde el despacho solicitamos la publicación edictal del Auto, y empezar con los embargos. Pero… El Juzgado se niega a realizar la publicación edictal y empieza por solicitar el nombre de los Administradores. Una vez facilitados, pide el CIF de los Administradores (por Diligencia de 18 de Marzo del 2014) y… Cuando el cliente se entera de que Juzgado no ha procedido a la comunicación edictal y sigue “mareando la perdiz” con el tema de intentar la notificación en el domicilio de los administradores, coincide en el tiempo con el hecho de que el deudor, durante todo este tiempo, ha traspasado el negocio, se está deshaciendo de la sociedad y, como los administradores no son españoles, conseguir cobrar de los deudores será un verdadero milagro. Entonces, con toda la razón del mundo, el cliente estalla. 

            Su primera reacción es pedir explicaciones del retraso en comunicar y proceder al embargo. Como letrado, lo primero que hacemos es escudarnos en el procedimiento. Decimos: “esto es normal, el Juzgado lo que pretende es notificar a alguien con responsabilidad para que no pueda haber nulidad de actuaciones, es que el deudor, tiene derecho a saber que se le está persiguiendo, es para evitar la indefensión…” Y, en el fondo de nosotros mismos, hay una voz que dice: “sólo son excusas; sabemos, muy bien, que las cosas no van bien. Esto, no es normal”. Y cuando el cliente te recrimina lo mismo que tu estás pensado, entonces se nos cae el alma a los pies. 

            Y, lo peor de todo. Enterado el cliente de la situación, pide hablar con la Jueza y, primero, le pasan la Secretaria. Una vez que le explica sus motivos del enfado y después de ciertas palabras (nunca de falta de respeto, pero sí de decir la verdad), la Secretaria le cuelga el teléfono y no le pasan con la Jueza. Si el cliente ya había estallado, ahora explota (y con toda la razón del mundo). Ni siquiera aquellos que, escudados en un procedimiento que no permite hacer Justicia, son capaces de responder a un Justiciable, por que ese retraso que le privará de resarcirse lo han provocado unos operadores jurídicos en base a una serie de interpretaciones que benefician sólo a un deudor. Y nosotros, los Abogados, asistimos a esos hechos como meros espectadores. 

            Sí, es así de simple y verdadero. Alguien ha firmado un cheque, un pagaré, una letra de cambio, un documento que permite una ejecución, un procedimiento rápido y hasta embargar bienes enseguida. Pero por culpa de un procedimiento, de un pensar en los derechos del deudor, se retrasa esa comunicación y … Una Justica lenta, se convierte en Injusticia. Ese pensar en los derechos del deudor, han favorecido que desaparezca y que el cliente se quede sin poder cobrar. 

            Ahora, el cliente se lamente, ha presentado varias quejas (podemos intuir sus respuestas – es el procedimiento-) y dice algo en voz alta, que debería llevarnos a  reflexionar. “¿Para que he pagado una tasa?”. La tasa es un tributo que se paga para obtener un servicio. Y este servicio ha ido, no deficiente, sino deficitario. 

            Creo, sinceramente, que todos deberíamos reflexionar sobre estos hechos y, más ampliamente, sobre como una Justica lenta se convierte en una Injustica. Deberíamos pensar como nosotros, Abogados, como operadores jurídicos, lo consentimos sin hacer nada para evitarlo o como en algunos ocasiones lo hemos utilizado en beneficio de nuestros clientes. 

            En el fondo, el cliente se queja de nuestro sistema jurídico y nos está diciendo que si seguimos así, lo que único que hacemos es defender al deudor. Y, deberíamos estar con él. Yo, al menos, lo estoy.